Observar el futuro en las pantallas espejo.

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Es necesario pensar en una transversalidad del lenguaje visual con los estudios culturales, sociales y políticos. Nos hallamos en un cambio de reconocimiento de la imagen en el que nos deberíamos preguntar si ajustarse al canon puede dejar afuera otros saberes importantes por lo que sería interesante pensar la imagen desde el acontecer actual en los entornos tecno-digitales.

Con las pantallas que las nuevas tecnologías nos imponen, estamos ante una realidad en la que el marco separa dos espacios que de algún modo coexisten. Cada vez es mayor el tiempo que pasamos frente a las pantallas de los ordenadores, móviles y pantallas urbanas llenas de imágenes en movimiento, textos, iconos, que nos sumergen en un mundo enmarcado virtual el cual nos muestra una realidad desmaterializada y con la que interactuamos. Para preguntamos por esta suerte de empoderamiento o sometimiento, ambas cosas a la vez o recíprocamente, podemos comenzar por la relación entre las imágenes y la pantalla. Manovich (2001/57-58) explica el concepto de la cultura de la información estableciendo un paralelismo con el de cultura visual para indicar que éste incluye las maneras en que la información se presenta en los diferentes escenarios y objetos culturales así como, las interfaces de los sistemas operativos. Nos ofrece una genealogía de la pantalla que puede servir de guía para conocer lo que hoy en día entendemos por imagen, más allá de lo que los estudios visuales nos cuentan.

He presentado una genealogía posible de la moderna pantalla del ordenador. En mi genealogía, la pantalla del ordenador representa un tipo interactivo, que es un subtipo del tipo de tiempo real, que es un subtipo del tipo dinámico, que es un subtipo del tipo clásico. He analizado estos tipos valiéndome de dos ideas. En primer lugar, la idea de temporalidad: la pantalla clásica muestra una imagen estática y permanente, mientras que la pantalla dinámica muestra una imagen del pasado en movimiento y, finalmente, la pantalla en tiempo real muestra el presente. Y en segundo lugar, la relación entre el espacio del espectador y el de la representación (definíamos la pantalla como una ventana abierta a un espacio de representación que existe, él mismo, en nuestro espacio normal.Manovich, 2001/155

Esto puede ser útil para identificar una especie de evolución de la experiencia visual de la pantalla y nos introduce en una nueva lógica de la visualidad dentro de una arquitectura que es no sólo de espacio sino de tiempo. No obstante, las ventanas no son sólo una herramienta para ver ese espacio como un espejo, también ofrecen una lectura más fácil que la información textual. Desde esta perspectiva podemos considerar la experiencia de las pantallas dinámicas como una nueva relación con la imagen que se independiza del concepto de imagen clásico el cual excluye otras experiencias visuales que conllevan el elemento dínámico e interactivo de la visualidad en la imagen contemporánea. De acuerdo con esto podemos estudiar la imagen desde un planteamiento más amplio donde las nuevas narrativas digitales nos orienten hacia un análisis de la imagen que se interviene y se piensa.

Nos dice Manovich que la pantalla del ordenador y otros componentes de la moderna interfaz de usuario deben su existencia a las investigaciones militares sobre todo para visualizar representaciones de la información de los radares e interactuar con ellas dando órdenes a los ordenadores por lo que se valían de la pantalla como un medio de entrada y salida de información. Por lo tanto, en lo que se refiere a la experiencia de la imagen y tomando como referencia la imagen de un radar, nos dice que la imagen en un sentido tradicional deja de existir y lo que vemos en la pantalla en tiempo real lo seguimos llamando imágenes por costumbre pero “tal imagen ya no es la norma, sino la excepción de un nuevo tipo de representación de carácter más general para el que aún no tenemos un término”. Manovich (2001/152)

Pero actualmente nos interesa ir más allá de la pantalla como ventana abierta al mundo y su condición de expansión de la visualidad en la narrativa transmedia y de su visualidad de lo que está fuera del campo virtualmente situado detrás de la cámara. Podemos hablar de otras pantallas que andan en los bolsillos de la gente y del cómo nos acercan al concepto de mirada móvil. Estas pantallas nos ofrecen la experiencia del holograma, de un todo en lugar de una perspectiva. Siguiendo a Sontag podemos ver éstas como pantallas-cámara, como el antídoto y la enfermedad, como “un medio de apropiarse de la realidad y un medio de volverla obsoleta”. Sontag (2006/250)

Hemos dado un paso del fotografiarse como una microexperiencia de la muerte o un paréntesis, como diría Barthes (1989/39) cuando declara convertirse verdaderamente en espectro al ser fotografiado: “yo soy lo que no coincide nunca con mi imagen”. Hemos pasado de las fotografías de auto-retrato como objetos de museo a un fuego cruzado de captura de imágenes compulsivas, del apoyacabezas a los selfies. Y nos dice Sontag (2006/231-234) que la fotografía como imagen también es un instrumento poderoso para despersonalizar nuestra relación con el mundo como complemento a los usos narcisistas y que lo que las fotografías ponen inmediatamente al alcance no es la realidad, sino las imágenes. “En forma de imágenes fotográficas, las cosas y los acontecimientos son sometidos a usos nuevos, reciben nuevos significados que trascienden las distinciones entre lo bello y lo feo, lo verdadero y lo falso, lo útil y lo inútil, el buen gusto y el malo”. Sontag (2006/244)

Las pantallas-cámara se apoderan de la imagen en un estado de simultaneidad yendo desde la imagen escena a la imagen laberíntica y transmediática. Sabemos que la llegada de la pantalla del ordenador trajo la interfaz en la que el espectador ya no se concentra en una única imagen. La interfaz de la ventana (las múltiples ventanas) y la realidad virtual, “ha desbaratado el régimen visual de la pantalla dinámica y el total apoderamiento del campo visual en la realidad virtual, es lo que nos permite hoy reconocerla como una categoría cultural y comenzar a rastrear su historia”. Manovich, (2001/150). Es como si la multiplicidad de imágenes en la pantalla hubiera materializado el efecto de lo que Berger atribuyó a la captación tecnológica de imágenes: “La cámara, al reproducir una pintura destruye la unicidad de su imagen. Y su significación se multiplica y se fragmenta en numerosas significaciones.” John Berger (1972/26).

Por lo tanto, podemos hablar de las pantallas como el nuevo lugar de residencia de las imágenes para su descontextualización, la acumulación, apropiación y el coleccionismo conectado. Pero se advierte que hay que mantenerse alerta ante la “comodidad perceptiva” de las imágenes. La pantalla es un espacio de representación pero es también una superficie opaca que impide las identificaciones.

Si ponemos el foco de atención sobre la imagen viva más que sobre la imagen como representación de la realidad nos damos cuenta del espacio que ocupa para la supervivencia de la memoria. Y su importancia como marca biográfica demuestra, según Mirzoeff (2008), que en un nivel muy práctico la gente cree que las imágenes son una forma de vida; que una imagen puede sobrevivir al objeto representado y esto es lo que causa la vida de las imágenes. Es interesante preguntarse hasta qué punto pensamos que la imagen está viva. Mirzoeff da respuesta a esta cuestión en la citada entrevista:

¿Qué es lo que hace la gente cuando se incendia su casa? Entra corriendo a rescatar las fotos. Si pensáramos que son sólo pedazos de papel, es una cosa loca hacer eso; sin embargo, es lo que todos hacemos. Y eso muestra en un nivel muy práctico que la gente cree que las imágenes son una forma de vida.                                                                                        

Si la invención de la cámara cambió el modo de ver de los hombres, el carácter ubicuo de la imagen en las pantallas ha descontextualizado la imagen. De ahí la idea de que la percepción depende del contexto donde se lleve a cabo la experiencia visual porque la imperceptibilidad es también una realidad física discontinua. Luego, el contexto está transformando la experiencia de la imagen dentro y fuera de la Red ya que en la práctica ya no se captura sentido si no que se proyecta sentido. El poder que otorga la tecnología al individuo es el de vivir dos realidades, diremos, en cortocircuito: la imagen socialmente determinada de lo representado y la imagen de la cosa (sujeto u objeto) frente al objetivo.

En conclusión, la pantalla tiene el poder de condensar una historia en un cuadro y el de detonar otra historia; el poder de la experiencia de la visualidad como una imagen-tranpamtojo del mundo en la que hemos pasado de la presencia del ser único a la presencia del ser cualquiera. Cuando Sontag (2006/233) nos dice que lo que suministra la fotografía no es sólo un registro del pasado sino una manera nueva de tratar con el presente, decimos que la imagen del presente potencia la necesidad de reflexionar el poder de reflejarnos en las pantallas del futuro y de saber interpretar esa imagen-trampantojo de una realidad incierta que nos obliga a un desdoblamiento vital.

Mara Plá


 

Bibliografía y referencias:

  • BARTHES, ROLAND. (1980): La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía. Ed. Paidós 1989 Barcelona, España.
  • BERGER, JOHN. (1972): Modos de ver.Ed. Gustavo Gili. Barcelona. España.
  • MANOVICH, L. (2001): The Language of New Media. Massachusetts: Massachusetts Institute of Technology Press. (El lenguaje de los nuevos medios de comunicación. ÒscarFontrodona (trad.). Barcelona: Paidós, 2005).
  • MIRZOEFF, Nicholas. Dussel, Inés. Entrevista con Nicholas Mirzoeff La cultura visual contemporánea: política y pedagogía para este tiempo Publicada en el número 31 de la Revista Propuesta Educativa, de reciente aparición. Invitado a Buenos Aires por el área Educación de FLACSO/ Argentina en noviembre de 2008.
  • SONTAG, SUSAN (2006): Sobre la fotografía. (Traducción de Carlos Gardini revisada por AureliaoMajor). Ed. Alfaguara, México.

 

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